Porque

Tradiciones Para Hoy
Joyería contemporánea en el hemisferio sur

Por Kevin Murray

Joyaviva es una exposición de “joyería viva”. Cada uno de los objetos que la integran tiene vida propia; son artefactos capaces de compartir esperanzas y temores. Cada pieza ha sido cuidadosamente diseñada y elaborada por una nueva generación de joyeros que buscan extender su trabajo más allá de los límites de la galería tradicional. Estos artefactos sirven para vincular personas, transformando deseos privados en historias compartidas. Joyaviva aspira a ser parte de la historia de la joyería contemporánea.
El campo de la joyería como una forma de arte surgió en la Europa de la posguerra con el lema Crítica a la Preciosidad. Joyeros en Gran Bretaña, Alemania y los Países Bajos buscaban un medio de expresión artística, libre del mero valor monetario de materiales como el oro y la plata, y esperaban desarrollar un proyecto democrático que cambiara la función de la joyería tradicional; en vez de acentuar las diferencias entre el pueblo y la elite, la joyería podía convertirse en una forma de esparcimiento popular que respondiera a deseos universales. Un ejemplo característico de estos ideales es Queens, una serie de collares realizados en 1997 por el artista holandés Gijs Bakker, elaborados con fotografías laminadas de joyas reales; esta serie buscaba parodiar la ostentación de las piezas originales.

En la segunda mitad del siglo XX el movimiento Crítica a la Preciosidad siguió su desarrollo generando trabajos realizados para exposiciones que posteriormente eran fotografiados e incluidos en catálogos y publicaciones. Pese a que en esta época se produjeron obras de gran originalidad e inteligencia, su significado quedaba “congelado” tras su presentación en una galería. Esto separaba a la joyería contemporánea de una fuente esencial de valor: la aventura de su existencia en el mundo. La separación se justificaba al validar la joya como una mera expresión artística. Si tomamos en cuenta que los autores no tenían control sobre lo que ocurriría con su trabajo una vez que éste dejaba la galería, estos espacios fueron considerados de poca relevancia para el proceso creativo.

Una consecuencia de dicha separación es la categorización de la joyería contemporánea exclusivamente como arte. Sin embargo, la joyería es más que un arte. La escritora neerlandesa Liesbeth den Besten define lo que ella clasifica como joyería de autor así: “Algo intermedio, que algunas veces se inclina hacia el arte y otras hacia el diseño”. En este contexto, diseño se refiere a la manera en la que la joyería funciona en la vida cotidiana. La joyera australiana Susan Cohn lo describe de este modo:

Los joyeros contemporáneos rara vez exploran la cualidad multivocal de la joya como objeto; su capacidad para adquirir sentido y valor a través de la comunicación entre quien la ofrece y quien la porta. La renovación de las prácticas e identidades en la joyería puede generarse a través de nuevas formas de interacción entre autor, portador, audiencia y ornamento.

La “joyería viva” no devalúa la aportación de su creador sino, por el contrario, extiende la noción de joyería contemporánea como una forma de arte personal y la lleva a adentrarse en el ámbito del diseño social. Su enfoque se expande del mundo íntimo de la mesa del joyero a la vida que transcurre en las calles. El objetivo no es solo producir una obra de arte original, sino desarrollar un objeto capaz de establecer conexiones con la vida. Es un reto tan significativo y creativo como la expresión artística misma.

Esta expansión de la noción de joyería contemporánea es particularmente relevante en relación con la situación geográfica en la cual es creada. Los orígenes de la joyería contemporánea se centran en Europa occidental; particularmente en la ciudad de Múnich, Alemania. Los joyeros que habitan en la periferia o en lugares que carecen de tradiciones orfebres arraigadas, constantemente se encuentran tratando de ponerse al día en relación con los acontecimientos de este “centro”. Estos autores encuentran una expresión propia enel uso de materiales naturales locales como el ópalo, el pounamu o el lapislázuli. Algunos joyeros buscan conectarse con la cultura local, como es el caso del australiano Peter Tully, cuyo estilo tribalístico-urbano está fuertemente influenciado por la cultura de Nueva Guinea. La joyería antípoda actual tiene el potencial de combinar las tradiciones orfebres europeas con las costumbres y leyendas del Sur.

En el ámbito político internacional, los centros occidentales parecen estar perdiendo su dominio. De acuerdo con las previsiones del Fondo Monetario Internacional, se espera que para el año 2016 China se convierta en la potencia económica más grande del mundo. Para mantener su vitalidad, la joyería contemporánea tiene que comprometerse con culturas que anteriormente han quedado excluidas. Afortunadamente, la Crítica a la Preciosidad ha otorgado a la joyería contemporánea una lógica democrática que abre las puertas a los recién llegados. Australia y Nueva Zelanda han dejado de observar solamente lo que sucede en Europa; ahora también dirigen su mirada hacia África, Asia y América Latina. En este contexto, el eje del Pacífico que conforman Australia, Nueva Zelanda y América Latina proporciona un vector especialmente dinámico para el adorno corporal; ejemplos de esto son los nuevos joyeros urbanos itinerantes de Australia, los neozelandeses que trabajan objetos ornamentales con el respeto que caracteriza a la Cultura Maorí, y los latinoamericanos que proyectan en sus amuletos un sinfín de creencias folclóricas. Joyaviva cabalga sobre una tabla de surf, preparándose para una nueva ola de joyería a través del Pacífico.

En este contexto, ¿qué ventajas encuentra el portador de un ornamento? Expandir las nociones de la joyería contemporánea puede llevar a ésta a reconectarse con su función de ayudar a la gente a navegar por la vida; este es el caso particular de los amuletos, cuya función primaria es protegernos contra el mal.

Pero ¿es esto aún necesario? ¿Queremos volver al oscurantismo en el que se desarrollaron la magia y la superstición? Sería bueno creer que nuestro destino puede ser controlado por fuerzas racionales, como la tecnología. Sin embargo, no importa cuán sofisticados sean nuestros artefactos, las cosas suceden. Es esta vulnerabilidad lo que nos une como seres humanos. Y la suerte es la moneda preciosa con la que especulamos en el día a día.

Gran parte del proyecto Joyaviva se desarrolla alrededor del Cinturón de Fuego del Pacífico, un área geográfica especialmente propensa a los terremotos. Algunos de los joyeros participantes en Joyaviva han respondido directamente a la necesidad de los sobrevivientes de un sismo de re-cimentar su confianza en la tierra en que viven. Como es el caso del terremoto y tsunami que azotaron Chile el 27 de febrero de 2010, y de la serie de sismos que devastaron Christchurch, Nueva Zelanda, en el año 2011. Las historias que emergen tras estos desastres reflejan el papel que ha jugado la suerte; como la del diseñador en Christchurch, quien narra la experiencia de un cliente que llegó temprano a una cita, lo que permitió a los ocupantes de un edificio que se derrumbaba escapar sin daño alguno. “Cada día, desde entonces, pienso en lo afortunados que fuimos”, dijo el cliente.

Otros joyeros responden a situaciones cotidianas, como aquellas en las que queremos dar apoyo moral a otra persona. Todos enviamos muestras de apoyo a los seres queridos que por alguna razón están hospitalizados, aun a pesar de que ellos cuentan con todos los cuidados médicos que necesitan. Y una frase que inicia con un “Buena suerte con…” es una expresión que intercambiamos frecuentemente unos con otros. De una manera u otra, todos nos adherimos a la suerte, aunque no creamos específicamente en ella.

Hay una dimensión de la fortuna que va más allá de las convenciones sociales. Es relativamente común afirmar que las creencias afectan nuestro comportamiento. Experimentos recientes demuestran que los placebos pueden ser tan eficaces como los medicamentos, incluso cuando los pacientes son conscientes de que están tomando píldoras de azúcar. Otro estudio ha demostrado que cuando a un jugador de golf se le da una “bola de la suerte”, su puntuación mejora significativamente. Tal como escribe el poeta australiano Ern Malley, “Las emociones no son obreros calificados”.

Los joyeros de Joyaviva se enfocan específicamente en el papel que juega el objeto en la construcción de las relaciones interpersonales. La suerte es un producto útil en las relaciones sociales. Son aquellas cosas que no podemos controlar las que nos definen como humanidad colectiva. Sin ellas no tendríamos historias para compartir; todo funcionaría con la precisión de un reloj. El verdadero poder de los amuletos y talismanes no nace de fuerzas sobrenaturales. Estos nos permiten compartir esperanzas y temores privados. Entregar un amuleto a alguien equivale a suscribir un contrato social: al recibirlo, uno está invitando al que lo otorga a preguntar en el futuro: “Entonces, ¿funcionó el amuleto? ¿Te trajo buena suerte?”

El valor social positivo de los amuletos es de particular importancia para los joyeros mexicanos que participan en Joyaviva. Ofrecer una protección simbólica es una manera sumamente importante de hacer frente a una violencia que genera desconfianza y fragmentación en la comunidad. Estos joyeros muestran que el campo de la joyería contemporánea, aún en un estado emergente en América Latina, tiene el potencial de introducir innovación en las tradiciones populares, ayudando a mantenerlas vivas en el mundo contemporáneo. Esta es una contribución de gran relevancia, no solo para la cultura latinoamericana, sino también para el ámbito de la joyería contemporánea internacional.

No todas las obras de Joyaviva son amuletos. La taonga de la Cultura Maorí, por ejemplo, se remite a objetos cuyo poder se relaciona más con el honor que une generaciones, que con el destino individual. Lo que comparten las obras de esta exposición es la capacidad de hacer palpables los lazos, de otro modo invisibles, entre grupos e individuos.
Joyaviva es un espacio para ayudar a rescatar estos objetos sociales de nuestra realidad tecnócrata, plana y carente de textura. Este proyecto espera generar nuevos espacios para las prácticas de joyería contemporánea como una forma de diseño social.
Si te gusta lo que ves y lo que lees, pregúntanos cómo podrías adquirir uno de estos artefactos. Dáselo a un amigo y observa como este objeto puede generar orden en medio del caos o, tal vez, introducir un caos benevolente dentro de un orden asfixiante.

¡Las tablas de surf están listas!

Your turn / Su turno

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